EL CARMEN Y CARLOS BUSTAMANTE ALVAREZ BAJO LA LUPA DE JAIME BUENAHORA

Palabras de Jaime Buenahora-Febres Cordero en homenaje a Carlos
Bustamante Alvarez.

En la hermosa provincia de Ocaña se encuentra El Carmen, uno de los
pueblos más atractivos de Colombia, orgullo de todos los
nortesantandereanos. El eco del ayer todavía se oye por sus calles
estrechas y empedradas, como también los versos de aquellos grandes
poetas que supieron cantarle a la naturaleza y nos enseñaron el amor a
la vida. En esa aldea que es joya nacional y que parece desafiar la
modernidad, nació Carlos Bustamante Alvarez hace 81 años.
Pero el tiempo no perdona y nos va doblegando a todos, con implacable sentido de igualdad, siguiendo los designios de la Providencia. Hace muy poco el turno fue para Carlos Bustamante, quien se despidió de nosotros después de padecer una larga y penosa enfermedad que recibió con estoicismo franciscano. El pasado 4 de octubre, muchos nos congregamos en la Iglesia de Los Carmelitas para rendirle un homenaje
en reconocimiento a sus valores y su indeclinable vocación de servicio.
Carlos Bustamante fue un hombre de inmensas cualidades y, por su
amplísima cultura, un ser multifacético que gozaba por igual el arte
de la odontología que la música clásica, la literatura, la historia,
la ciencia, o el servicio comunitario. Fue un hombre de corazón
inmenso, dispuesto siempre a impulsar causas nobles. Por sobre todo,
en medio de su sólido carácter y firmes convicciones, desplegaba
siempre alegría y una dosis de tolerancia que invitaba fácilmente a la
amistad.
Unos lo recuerdan como aquel prestigioso odontólogo que se formó en la
Universidad Nacional en los años 50’s, dueño de una muy grata
conversación que combinaba en forma magistral con sus conocimientos
científicos mientras la música clasica daba daba placidez al
consultorio y hacía sentir al paciente siempre cómodo, como si fuera
un amigo de largos años. Fue ciertamente un gran profesional de la
odontología cuya huella se convirtió en guía para quienes le
sucedieron.
Otros seguramente lo recuerdan como aquel gran radioaficionado que
dedicaba noches enteras sirviéndoles a muchos que en la desgracia y la
tragedia buscaban afanosos la comunicación con sus seres queridos; o
aquel reconocido Gobernador Leonístico cuyo liderazgo generaba
confianza y compromiso; o ese destacado dirigente que llevó la Cruz
Roja a buen puerto; o aquel ejecutivo dinámico del entonces naciente
Coldeportes; o ese eficiente y comprometido director de la Oficina de
Atención y Desastres del Departamento; en fin, Carlos Bustamante
siempre estuvo dispuesto a servir, listo como el soldado que camina
por la vida con el sacrificio para poder dar lo mejor de sí.
Como miembro de familia, Carlos Bustamante fue también un ser
excepcional.  De la mano de Elsa, su distinguida esposa, supo darse y
compartir, y supo también apreciar y disfrutar la inmensa calidez,
hospitalidad y generosidad que caracteriza a los Suarez Rodríguez.
Llegaron primero María del Pilar, Elsa y Juan Carlos, sus hijos amados
y, más tarde, en la telaraña de esos años que forman una generación
pero parecen días, sus preciados nietos, aquellos párvulos que
desafortunadamente no pudieron disfrutar al abuelo en todo su
esplendor.
Ya la suerte estaba echada. Porque ese hombre inmenso, bueno y justo,
ejemplo para muchos, recibió con dignidad una de esas enfermedades que
todavía escapa a la ciencia. La libertad, en cambio, ésa que creemos
poseer y que nos coloca a veces en el absurdo de sentirnos
invencibles, empezó a tornársele minusválida. Pero es sabido que solo
los hombres grandes sonríen en la adversidad, quizás por la fuerza
incontenible que la fe les devuelve. Carlos Bustamante hace parte de
esos seres escasos que nunca dejaron de sonreir, prodigar paz y
ofrecer amor.
Tuve la fortuna de tenerlo como suegro, y de recoger de su herencia a
mi querida esposa, María del Pilar. Más que ello, siempre tuve en
Carlos Bustamante un amigo, consejero y contertulio, uno de esos
mayores a quien uno admira y respeta profundamente, cuyas palabras
fueron siempre para mí reflexión y verdad. A sus nietos, que son mis
hijos y sobrinos, les hablaré del abuelo lleno de contento, ojalá
caminando por las callecitas empedradas de El Carmen de Ocaña, ese
hermoso pueblo que sabe controlar el paso del tiempo.

(Nota enviada por Ingrid Hartmman de cucuteños por el mundo)

2 comentarios para "EL CARMEN Y CARLOS BUSTAMANTE ALVAREZ BAJO LA LUPA DE JAIME BUENAHORA"

  1. Guillermo Eduardo Mantilla Nieto  octubre 17, 2010 at 2:29 pm

    Hermosas palabra Jaime. Efectivamente CARLOS BUSTAMANTE, deja huella en nuestra tierra. Su saber SER y HACER, le mantienen como uno de los grandes pilares del Norte de Santander.

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  2. JORGE RODRIGUEZ RODRIGUEZ  octubre 25, 2010 at 4:54 pm

    a Carlos Enrique Paz en su tumba. Para quienes lo conocimos siempre fur el hombre intachable, fiel amigo y ejemplo de vida. A su familia el sentimiento de condolencia por el ser que viajo al lado de sus mayores y de nuestro Dios. A Jaime Buenahora y familia la mas cordial invitacion a esta «tasita de plata» para que conoscan de primera mano el habiat de sus ancestros. Un abrazo JORZ.

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