DIARIOS DE UNA VIDA MODERNA, TOMA DOS PARA EL TANGO

Por: Andrea Aldana

Esta es la primera entrega de una serie de artículos sobre una joven cucuteña viviendo en Montreal Canadá, y de cómo la cultura de un país del primer mundo y sus costumbres sociales tienden a absorberte hasta convertirse en parte de algo propio.

TOMA DOS PARA EL TANGO

Desde hace mas de tres años que vivo en Canadá, y siempre había percibido la costumbres de los jóvenes canadienses como algo lejano a mi realidad a pesar de ser  contemporáneos. Como buena cucuteña criada en un hogar católico, educada en colegio de monjas, bajo una familia de costumbres valores y principios morales, formada  para emular las mismas tradiciones; al escuchar a mis amigas canadienses en los pasillos de la universidad  hablar de sus múltiples “hook ups” (término en inglés parar un referirse a un “amigo con derechos”) con diversos chicos y de cómo describían sus encuentros casuales sin el mayor remordimiento; me solía preguntar constantemente ¿qué les pasa por la cabeza a estas “locas”? en mi mente  la idea de sostener este tipo de relación con alguien no se concebía; siempre me han gustado las cosas a la antigua, y prefería tener noviazgo más tradicional tal vez, hasta con fines matrimoniales.

Pero, faltaba poco para que llegara la hora de tener que comerme mis propias palabras. Después del rompimiento de mi relación sentimental de dos años y medio, no me sentía lista para “volver al mercado” y comenzar a salir de nuevo con alguien para cometer los mismos errores que siempre se cometen en los noviazgos; esta vez no estaba dispuesta a pasar por el drama, las lágrimas, el tan famosos será que me está “poniendo los cachos” la intensidad mental,  el acoso telefónico y demás cosas, ¡no más!Tenía mucho en mi vida trabajando, estudiando, viviendo sola lejos de casa en un país extraño, demasiado   al  mismo tiempo como para agregar a mi dura vida una carga extra.

Las cosas simplemente llegan a tu vida en el momento que menos las esperas, así llego mi hora de tener un hook up. La victima; un escritor argentino radicado en Montreal hace 6 años recién egresado de mi universidad; de humor muy agudo, sarcasmo a flor de piel y profundos ojos miel; pero tan dulce como el  mar.

Para ser honesta, al conocerlo, no me agradó en lo mas mínimo; “que se cree este tipo”, le comenté a la amiga que me lo presentó. Ella simplemente dijo, dale una oportunidad, es muy culto e interesante, es más creo que es tu tipo. Y el destino se ensañó conmigo, se convirtió en parte de mi círculo de amigos y frecuentemente tenía que verlo, así que el paso más lógico debía ser; agregarlo a facebook.

Ese fue el comienzo de mi aventura con él. Empezamos a chatear frecuentemente, mi amiga tenia razón, muy culto sí resultó. Era la primera vez que podía libremente hablar con alguien de historia rusa, sin que me miraran como un fenómeno salido de una biblioteca. Y cada vez que nos reuníamos entre amigos terminaba siempre hablando con él, De Lennin a Stalin, pasando por Mayas, Aztecas, Judíos y Masones, algo se fue dando pero no sabía que estaba pasando, por primera vez desde aquel rompimiento, alguien me empezaba a gustar. Hasta que en una de esa interminables noche en el chat de facebook, el me pregunto, ¿quieres venir a mi casa el domingo? Yo temblaba, no sabía que decir, y él solo me pidió, no se lo menciones a nadie, ¡vale!, y yo acepté.

El tan esperado domingo llego, después de ensayar todo mi  closet unas 500 veces, estaba lista, para ir a su casa, no sabía que esperar, porque él nunca realmente había coqueteado conmigo, ninguno de los usuales piropos a los que la colombianas estamos acostumbradas, no nada de eso. Así que todo lo que salía de mi mente eran realmente suposiciones. Al llegar a su casa,  abrí la puerta, el estaba cocinando, la primera de mis sorpresas, nunca un chico  había cocinado para mí en toda la vida, y debo admitirlo, tenía mucha idea de lo que hacía;  así fue transcurriendo la tarde, ya estaba menos nerviosa y para cuando acabamos de comer, la conversación estaba muy amena, y me empecé a sentir culpable por pensar que el quizá querría algo conmigo; pero inesperadamente, entre risa y charla, me beso. Argentino calculador, fue lo primero cruzo por mi cabeza, con desparpajo simplemente dijo- “che, quita esa cara, no te gusto” yo estaba perpleja.

Simplemente me deje llevar, y aunque no llegamos a “segunda base” esa tarde, cuando salí de su casa, un ataque de remordimiento de conciencia invadía, era como si acabase de hacer algo malo, no sé por qué me sentía tan culpable de lo que acababa de pasar, si para mis amigas era lo más normal del mundo, ahí me di cuenta que puedes sacar  a la provinciana de la provincia, pero no a la provincia de la provinciana.

Él me proponía una relación muy sensata, en claro me dejó y con repetidas advertencias que no estaba interesado en tener un noviazgo conmigo, ni nada por el estilo, es más, dijo que sería más bien una relación del tipo, físico-intelectual, con manejo corporativo, es decir; todo vía correo electrónico, con ocasionales llamadas telefónicas, más para cancelar cualquier compromiso a última hora, entre las clausulas se establecía la naturaleza monógama de la misma; y por último me hizo la salvedad que su número de teléfono celular estaba fuera de mi alcance, ya que el mismo sólo era para el uso de sus amigos, y que no le interesaba que ninguna “niñita” lo andara llamando para controlarlo. Después añadió,- “disfruta lo que más puedas por que este tipo de relaciones suelen terminarse súbitamente”.

Después de ese preludio, yo accedí, no sabía cómo sentirme; pero era muy tarde para arrepentimientos, ya me había involucrado. Nuestros encuentros eran semanales, casi siempre en su casa, ocasionalmente solíamos ir por un café, o ir a dar un paseo por el viejo puerto de Montreal, extrañamente ese tipo de relación me comenzaba a gustar, la libertad en mi caso se sentaba muy bien, era un poco duro cuando estábamos con nuestros amigos mutuos el tener que fingir que entre nosotros no pasaba nada, y todo se convertía en un sutil juego de miradas.

Los parámetros se cumplían con rigor, y el manejo corporativo era un excelente método de comunicación, muy cordialmente intercambiábamos correos electrónicos, con los planes a realizar, fecha, hora, lugar y presupuesto. Congeniábamos magníficamente en todo sentido, la química era increíble y me sentía liberada, el verlo era completamente desestresante para mi atareada vida, pero él, siempre encontraba la forma no tan sutil de hacerme saber que esto no era nada en serio, cuando no me hablaba de sus múltiples aventuras románticas de sus épocas en Italia, era de sus fantasías que frecuentemente involucraban rubias, delgadas y con gesto de asco en sus rostros. Pero esto no parecía importarme en lo absoluto, simplemente me daba risa, y le que ya no estaba en Italia mas, y que a mí también me gustaban los rubios, y que preferiría estar con un rubio canadiense que con un argentino presumido como él, pero no habiendo mas…y él con desdén me respondía ustedes en Colombia que solo bailan cumbia, y son todos morenos, y sacaba a relucir ese extraño concepto geográfico argentino  de que Colombia es Centro América.

El tiempo fue transcurriendo, y así pasaron 4 meses, lo aprendí a conocer y a apreciar, en medio de su compleja forma de ser y pensar, y llegamos a convertirnos en muy buenos amigos; pero una tarde después de salir de su casa, la moralidad me atacó y esta vez fue de manera fulminante, llegué a mi casa llorando, me sentía mal de nuevo, me sentía extraña, no sabía qué estaba haciendo mal, y súbitamente el estar con él dejo de convertirse en algo que yo disfrutaba, así que traté de reunir el valor para poder hablar con él, pero no podía, en varias ocasiones, el envié correos electrónicos diciéndole que tenía que hablarle, pero lo miraba a los ojos y todo mi valor desaparecía, y simplemente volvía a caer bajo su hechizo.

Hasta que una tarde al salir de clase me armé de valor y lo llamé a su casa y le dije, “tenemos que hablar”, su tono de voz se transformó completamente y su naturaleza misógina salió a flote, y dijo “si es para una de esa boludeses, sentimentales de mujeres, no me interesa, no voy a ir hasta el centro por una tontería, si quieres entra al chat y hablamos por ahí…o si no ven a mi casa, pero se breve, estoy escribiendo”. Al llegar a su casa, me atendió con una mirada de ofuscación, sin embargo, fue amable, me ofreció un té, y me dijo “comentame, de que es de lo que me tenés que hablar”. Yo le contesté, no puedo más con esto, me estoy sintiendo mal, ¿en qué sentido? me preguntó él. Simplemente le dije entonces que no sabía si estar en este tipo de relación era lo correcto para mí, que mi moralidad me atacaba, y que estaba confundida.

Así llegó el terrible, ¿qué quieres hacer? ¿Querés que nos dejemos de ver por un tiempo?, sin embargo simplemente no sabía qué responder, pero le dije que si, necesitaba tiempo para replantearme la idea de lo que realmente quería de una relación; y él simplemente aceptó, sin preguntas. Al salir de su casa, me sentí en paz, pero con cierto grado de tristeza, no quería perder su amistad.

Esta es la hora en la que me sigo preguntando como lo hacen mis amigas como puedes “hook up” con alguien sin involucrarte, supongo es la cultura en la que te crías la que hace que tu proceso de adaptación sea más rápido o más lento. Y respecto a él, sí lo extraño en especial esos cinco minutos en los que actuaba como humano, luego abría la boca y despejaba todas las dudas.

2 comentarios para "DIARIOS DE UNA VIDA MODERNA, TOMA DOS PARA EL TANGO"

  1. María de los Ángles  octubre 18, 2010 at 8:53 am

    Menos mal que ganó la provinciana que llevas dentro porque cuando una relación hace daño lo mejor es cortar el mal de raíz. Muy buen artículo. Lo leí con detenimiento. Me pareció sincero y una forma de encontrar las diferencias para no caer en modas que no van con la personalidad. Sigue escribiendo sobre estos temas que interesan a los jóvenes.

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  2. Andrea Aldana  octubre 19, 2010 at 1:04 pm

    Gracias, María de los Ángles.

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