CONTINGENCIAS Y VIRTUDES DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA

Por Jesús María Stapper

Cero y van cuatro” premios otorgados al pensamiento y a  la literatura de nuestro amado cono suramericano. Estamos de plácemes por la conquista del peruano Mario Vargas Llosa (Premio Nóbel de Literatura 2010). De nuestro sub-continente le antecedieron Gabriela Mistral (de quien, “por falta de  tiempo”, no me he adentrado lo que debiera en su palabra), el inmenso Pablo Neruda (los dos son chilenos, -este último: el más inmortal entre todos los galardonados con este premio. Creo que Neruda entre los Nóbel, es el Nóbel), y Gabriel García Márquez (nuestro coterráneo acreditado en el mundo entero, y muy rigurosamente des-acreditado por muchos colombianos, no por todos, entiéndase bien).

No obstante,  el más reciente premio otorgado al escritor suramericano por la insigne Academia Sueca, genera controversia, porque para algunos (o para muchos) puede tener un perfil político en pro de su causa ultraderechista; otros, particularmente algunos escritores, aguardamos que su reconocimiento sea solamente por el valor de su connotación literaria, lo que consideramos justo y merecido. Recuerdo que transitando por los nueve o diez años de edad y ostentando la distinción de acólito de la iglesia-parroquia de mi pueblo, en la primavera de una noche cachirense, en el atrio de la iglesia, el sacerdote (coloca su mano derecha sobre mi hombro) y me dice: -Estoy muy feliz porque acabaron de matar a Salvador Allende. -¿Por qué lo mataron? Le pregunté. –Porque era un comunista. Me contestó. Y le pregunté de nuevo: -¿Para dónde manda Dios a Salvador Allende ahora que está muerto? Me respondió: -Ya está en el infierno. Allá van todos los comunistas. -Y ¿para dónde manda Dios, a quienes lo  mataron, cuando se mueran? –A ellos, Dios les tiene un lugar asegurado en el cielo. Con mi ingenuidad de niño, le pregunté de nuevo al padre: ¿Usted a qué política pertenece? Me respondió: -Yo soy conservador. Entonces consideré (allá en lo profundo de mis adentros juveniles) que yo también estaba feliz porque mi familia cuando muriera se iba para el cielo porque la mayoría resultaba conservadora. La felicidad duró hasta que supe que unos se descarriaron hacia lo liberal; y otros, hacia los otros, es decir, algunos pocos terminaron en las toldas “rojas-pinillistas” de la Anapo (partidos políticos predominantes de la época en Colombia).

Se me olvidó preguntarle al sacerdote, tiempo después, qué opinaba de   la CIA (co-criminal del presidente socialista) y de la bestia que germinó en contra del pueblo chileno, Augusto Pinochet. Traigo estos “avatares” personales a colación, cuando pienso, que estos acontecimientos contribuyeron a heredar la lápida de Allende hacia Neruda, porque el poeta en aras de su amistad y de su sentimiento socialista, apresuró su muerte bajo las cadenas de su pena moral, y fue una gran pérdida literaria para la humanidad. Hablo de Neruda, del inconmensurable hombre escritor respectivamente, única cuestión que me interesa.

Cabe anotar que en esos momentos de mi niñez, no sabía  nada de “política”, ni de ultra-derecha, ni de ultra-izquierda, ni de ultra-centro, tejida a lo largo del mundo. No sabía de su miseria, de su infamia, de su porquería, ni de su “instinto criminal”, ni de su estadio de mentira, deslealtad e injusticia. Tampoco “sabía de religión”, ni de las pirámides transnacionales de la fe y sus prodigiosos negocios, con  sus “divinos” subterfugios ultra-secretos. Cada sector político sea de izquierda, derecha, centro y demás…, y cada sector religioso, tiene  políticas, dogmas y postulados  audaces que enajenan y explotan al hombre. Desde luego, existen en cada ámbito político y religioso, los hombres-feligreses honestos, probos en su misión, filantrópicos en sus praxis, son las salvedades.  Después, a lo largo del tiempo, aprendí que la única democracia perfecta que existe  es la muerte. Ella no excluye a nadie. A todos nos maneja y nos consume con su mismo e imparcial talante, con su única verdad (distribuida en porciones iguales sin pretender verdades socialistas, aunque uno se muere, la muerte no nos mata por ello). Sin embargo, cada sector político, se precia de su  magnánima “práctica democrática” como un instrumento para acometer la perfección de sus desmanes y sus vilezas; y en raras ocasiones, de sus medianas construcciones. También aprendí que la única salvación radica en Dios, lo aprendí, desde que me volví un descreído del hombre cuando su proceder es infame y deleznable. Es el sentimiento que me produce el mirar-me en el epítome de la epopeya humana a través del espejo veraz de su historia.

La queja persistente hacia Vargas Llosa consiste en que se ha ido lanza en ristre (con o sin razón, no discuto eso) contra el presidente venezolano Hugo Chávez Frías y el régimen cubano, pero jamás dejó escuchar su voz en contra de  los ex-presidentes Bush (padre e hijo) de Estados Unidos, por su cruel invasión pro-petróleo a Irak, arrasando miserablemente a una nación (cuna de nuestra civilización) y a un pueblo, sin hablar de un sinnúmero de actos similares cometidos en otras regiones (acá no entro en defensa ni en contra del Saddam Hussein [dictador o tirano o prohombre]). Cada quien debe pagar por sus culpas, sea quien fuere, milite donde militare,  sin importar el status que tuviere.  Actos cometidos en contra de la voluntad de su maravilloso y grande pueblo, el pueblo norteamericano, en su mayoría amante de la justicia y de la paz. Manifestamos así que apreciamos y respetamos  al pueblo norteamericano pro-humanidad. Tampoco se ha manifestado Vargas Llosa en contra del exterminio vigente del pueblo palestino acometido feroz y cobardemente por Israel. Antes Israel también fue víctima. Implica esto, que es malo tanto ser victimario como ser víctima. Claro que el resto de la humanidad tampoco lo ha hecho, lo que implica en una admisión vergonzosa.  Todo intento de guerra tiene una principal causa, la de justificar  lo que se mal-invierte en armamento. Cuando la Humanidad sea civil-izada por completo, las armas serán elementos innocuos, y los bandidos y criminales, dejarán de poblar la tierra. La dificultad está en hallar los caminos para la conversión no cruenta. El problema es hallar la ruta certera hacia la dignidad humana. Claro está que esta utopía algún día se hará realidad, ojalá sea antes de nuestra desaparición total. Con la inversión armamentista mundial anual, el continente Africano  bien se alimentaría  y la totalidad de su gente estudiaría por lo menos durante cuatrocientos años.

El Premio Nóbel de Literatura (y de la Paz), y particularmente la Academia sueca, han vivido “sus propias contingencias” de parcialidad política a lo largo de su historia, según la crítica mundial. Algunos demarcaban su “tendencia socialista” en otrora. Resquemor no publicitado quizás por inexistente contra  José Saramago a pesar de su honesto socialismo puesto que nadie descalificó su distinción. No obstante, distinto fue para algunos sectores, particularmente colombianos, con García Márquez y su cercanía de amistad con Fidel Castro. Se increpó a la Academia por no asistir con su premio al “europeizado” hombre del barrio Palermo de Buenos Aires, Jorge Luis Borges porque políticamente se le “sindicaba de pertenecer a la burguesía derechista”.  Culpa que fue quizás del académico sueco Arthur Ludkavist. Pecado de los suecos. El mérito literario del argentino, merecía indudablemente vestirse con este pedestal. Me permito decir  que Borges fue un hombre de palabra, “hecho palabra”, considerando el acopio que hago de John Steinbeck, el hombre de Salinas, California, con su discurso intitulado: La palabra es el hombre, dirigido a la Academia, al recibir el premio en 1962. Se  discute también como una equivocación, el Premio de la Paz otorgado a Barack Obama, considerando que ser elegido presidente de un país, no es mérito suficiente para ostentar el Premio Nóbel. Aún así, se espera del presidente norteamericano, “una justificación”, una verdadera misión que contribuya con altruismo a la consolidación de  la paz mundial quizás lograda no desde el imperio de las armas, si de la persuasión, la razón y la justicia.

Dentro de la “cama tendida” del Premio Nóbel, no caben todos los escritores. Sería imposible, igualmente es algo que siempre será justo e injusto porque habrá calificados y descalificados. De todas maneras, podemos con cierta razón pensar, que algunos escritores con base en sus méritos literarios, vivieron o viven (a la espera, ejemplo, Carlos Fuentes) una situación de “olvido Nóbel”, entre quienes menciono, por ejemplo, a Mario Benedetti, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Germán Arciniegas, para hablar de los que ya partieron;  y muchos otros, de todos los lugares del planeta, y de todas las corrientes literarias, filosóficas, políticas y religiosas. Octavio Paz, quizás atisbando al romanticismo de Bécquer y sus contertulios, dijo: -“¿Quién que es, no es romántico?”. Desde ésta perspectiva, me pregunto: -¿Quién que sea un gran escritor no podría ostentar el reconocimiento Nóbel? Sin que importe si el escritor es burgués, pordiosero, vago, bohemio, beodo, loco. ¿Qué se le pide a la Academia Sueca? Se le pide independencia e imparcialidad. Que su severo juicio literario esté muy lejos del poder de la política y de la religión porque al parecer todo lo que es tocado por ello, se corrompe. El Premio Nobel de Literatura, como los premios otorgados en otras disciplinas, es una virtud necesaria y muy válida para la humanidad. Es además, un punto de mira existencial para escritores y científicos y hasta políticos, lo que no puede permitir son los defectos que lo lleven a la descreencia.

No debe importar si el ganador de un Premio Nóbel de Literatura baila o canta: polka, country, ranchera, candomblé o lo que sea (igualmente si no baila ni canta). No debe importar, ni juzgar  si su apellido es  Soyinka, Gordimer,   Golding,  Seferis, Russel, Montale, Seifert. Unámonos a Eliot para “entender el significado de la poesía”. Gritemos entonces ¡Eureka! junto a Imre Kertész cuando su voz nos dice: “Vi cómo un pueblo es llevado a negar sus ideales, vi los comienzos de la adaptación, los gestos prudentes, entendí que la esperanza era un instrumento del mal y que junto al imperativo categórico de Kant, la ética, no era sino los criados dóciles de la subsistencia”. Para continuar sumando nombres y apellidos “Nóbel-es”, me permito sugerirle respetuosamente a la Academia Sueca, tener en consideración futura, la obra de Eduardo  Germán Galeano  Hughes y de Fernando Soto Aparicio. Es mi modesta e ingenua pero no atrevida postulación.

De nuevo felicitamos a Mario Vargas Llosa por su premio, creemos que su éxito se  debe solamente a su enorme calidad literaria. Me encanta La tía Julia y el escribidor, me atrapa maravillosamente. Sin embargo,  parece que al escritor cholo se le debe analizar por el conjunto de su obra, porque quizás ninguna obra suya analizada individualmente, tiene la trascendencia de Cien años de soledad. Este premio es un extraordinario logro para la literatura sur-latinoamericana. Desde ya, tenemos el amplio espacio de una “Casa verde”, dentro de la vasta manigua de la literatura mundial.

Posdata: (Apostilla) Presento excusas a los lectores del presente comentario, puesto que le aplico tilde a Nóbel, entiendo que en esta ocasión puede no llevarla al tratarse de ser un apellido y no  un adjetivo. Si Eduardo Galeano ya ganó el premio en mención, excusen también mi ignorancia.        Aunque Eduardo Galeano también tiene méritos suficientes  para ganar el Premio Nóbel de la Paz.         “Ahí sí que  lo postulo, a mi manera, claro está”.

Jesús María Stapper

Escritor – Artista Plástico

Octubre 10 de 2010 Bogotá D. C. Sudamérica.

2 comentarios para "CONTINGENCIAS Y VIRTUDES DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA"

  1. yoyo  octubre 15, 2010 at 8:45 pm

    muy buen articulo..tiene un exelente persepcion …

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  2. jessica manjarres  octubre 28, 2010 at 8:39 pm

    Definitivamente las personas somos muy ignorantes y no le prestamos atencion a lo que es realmente importante y valioso en nuestras vidas y que contribuya a mejorar y enriquecer a las demas personas.

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