YO SOY UN REVOLUCIONARIO ¿Y QUÉ?



En el Universal de Caracas apareció el siguiente artículo de opinión escrito por José Luis Méndez de La Fuente.
Por JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE

Si para algo han servido las denuncias del rector del CNE, Vicente Díaz, a principios de este mes, de que Chávez, desde su cargo de presidente de la Republica, ha violado en reiteradas oportunidades la normativa electoral, ha sido para poner de manifiesto una de las potestades omnipotentes de los funcionarios de este régimen, el yo hago lo que me viene en gana porque soy un revolucionario.

Nos referimos ciertamente a las declaraciones del propio Chávez quien a la finalización de un acto gubernamental en el Zulia, participó en una caravana del Partido Socialista Unido de Venezuela, actividad que calificó como ajustada a la ley, pues en los eventos de carácter proselitista actúa como líder partidista y no como jefe de Estado. «¿Quién puede negarme a mí, que soy un revolucionario, que soy presidente además del PSUV a que me encarame en un carro con ustedes?». «¿Quién me lo va a negar?», se preguntó Chávez, al tiempo que despotricaba del rector Vicente Díaz, al que acusó de estar «cumpliendo instrucciones de los asesores de los escuálidos». Pero más allá de si el señor Rector del CNE es de la oposición, cosa que particularmente no creo, y que todo forma parte de un montaje para guardar cierta apariencia de objetividad dentro del organismo electoral, donde de vez en cuando el señor Díaz hace un tímido señalamiento contra Chávez, como ocurrió ya en la campaña electoral de octubre del 2008, cuando solicitó la apertura de una averiguación administrativa urgente en contra del presidente de la República, aquí lo que importa es ese discreto encanto que suelen tener los revolucionarios y que, como a los poetas, les da ciertas liberalidades. En efecto, cuando alguien es un revolucionario, no existen los conflictos de intereses, como por ejemplo, ser un funcionario público y aprovecharse del poder que se tiene para apoyar a un candidato de la misma tolda política, o utilizar los recursos económicos y materiales del cargo a favor de alguien de su interés. Cuando se es un revolucionario pareciera que se puede estar por encima de la ley, o incluso, fuera de ella. Pero si se es, además de un revolucionario, presidente de un partido político y presidente de la Republica, nada es imposible, todo se puede, porque después de todo ¿quién lo va a negar o impedir? No digamos nada, si aparte de todo ello, se es por añadidura militar y comandante en jefe del ejército.

Pero ¿qué es ser un revolucionario? Cuando, en 1921, el Gran Rabino de Moscú Jacob Maze visitó a Trotsky, de origen judío, quien se encontraba en la cúspide de su poder político, para solicitarle ayuda, recibió como respuesta: «Yo soy revolucionario y bolchevique, no judío». Más cerca de nosotros, en la Venezuela de este siglo XXI, el general Acosta Carlez, siendo gobernador del estado Carabobo, por allá, en el mes de marzo del 2007, en unas declaraciones a la aprensa dijo: «los revolucionarios también tenemos derecho a comprar una Hummer». Es curioso cómo los políticos pueden mantener diferentes puntos de vista sobre el mismo tema, o por el contrario, utilizar expresiones distintas para referirse a la misma idea.

Debido a infinidad de razones extrañas, suele ocurrir que más tarde o más temprano, las revoluciones sucumben ante la irresistible atracción que ejercen sus líderes, llegándose así a un punto, en que líder y revolución pasan a ser la misma cosa, aunque aquella haya perdido todo su contenido y tan solo conserve la retórica hueca del inicio. Dicen que los personajes de la historia se reinterpretan de diferentes maneras como si fuesen los actores de una gran comedia, en los que se cambia de época, de indumentaria, de país, incluso de libreto, pero en los que siempre se repiten escenas y parlamentos. Desde que Luís XIV de Francia, dijera aquello de «El Estado soy yo», da la impresión, de que a pesar de los siglos, no hubiese pasado tanto tiempo.

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