DESERCIÓN UNIVERSITARIA – ALUMNOS DESERTORES… ¿RUMBO A DÓNDE?

Por: Jesús María Stapper

Nacimos  y vivimos en Colombia, un país de complejidad-es, pluricultural (sin identidad, identidad en mediana construcción) y multiétnico (como si a la sazón camináramos dentro de nuestras fronteras por un mapa tácito de patrias contiguas) en donde pululan avatares cuyos rigores nos ofrecen al garete, resultados de construcciones y deconstrucciones. Ha sido difícil encontrar las sendas que nos liberen de tanta ambigüedad. Hemos trasegado por desordenados caminos. Avanzamos más por la fuerza del trabajo, de la constancia, de la costumbre y de la esperanza; que por la “fuerza” de la razón, la conciencia, el conocimiento y el propósito establecido.

En nuestra era republicana los procesos de construcción han sido incoherentes. Todo se ha gestado con base en programas –fugaces- de gobierno y no en planes de desarrollo, por lo tanto, los resultados aunque algunos buenos, la mayoría han sido mediocres. Creo que un plan de desarrollo debe gestarse hacia los cincuenta o cien años de duración. Las políticas trazadas a lo largo de nuestra historia han fracasado, han conllevado a la corrupción, al darwinismo cultural y al darwinismo social, implícitas en ellas, las nefastas repercusiones.

Carecemos de planeación estratégica y continúa mientras continúas han sido las causas que nos anclan en el subdesarrollo perpetuo. Las causas son innumerables, por ejemplo: ignorancia, fanatismo, miseria, desarraigo, discriminación, trashumancia, desplazamiento, desconfianza, politiquería, impotencia, violencia, des-identidad y pérdida de toda fe.

Carecemos de un verdadero liderazgo desde el Estado, el Gobierno, las Instituciones, las Organizaciones, la Academia, la Intelectualidad, los Medios de Comunicación, la Iglesia y la Sociedad Civil. Nos ha sido imposible crear y crecer mancomunadamente desde y entre la diferencia. Las “diferencias” no nos unen en el fortalecimiento de los procesos. Casi todo nos separa luego culpables somos todos. No tenemos sueños propios de una patria-país. Emulamos los medianos y hasta vergonzosos resultados de los otros… “unos u otros”. Mientras creemos que copiar o remedar a los otros es panacea o salvación, nos mantendremos en calidad de subalternos. Aceptamos injerencias sin cuestionar como si no fuésemos capaces de proponer el rumbo de nuestros propios acontecimientos. No hemos encontrado desde nuestra libertad -libertad cuestionada- el talante propio que nos conduzca a una verdadera autodeterminación cuyos objetivos sean de conversión, transformación, avance, desarrollo y riqueza para todos.

Y… ¿dónde está la esperanza? La respuesta inmediata es que está en la educación. Colombia “se rige” bajo los preceptos magnánimos de nuestra Constitución Política que predica la obligación del Estado-Gobierno para con la educación de su Sociedad. Tarea jamás cumplida por lo que entendemos que regularmente se trata de un sofisma. A veces las acciones indican todo lo contrario, como si se pretendiera mantener a nuestro pueblo en  la ignorancia  para que así habite en los ámbitos de lo menesteroso. Así un pueblo ignorante y hambriento no sabe para dónde va. Aún no hemos superado el analfabetismo. La educación básica es todavía regular en cobertura con énfasis en el sector rural. La inasistencia y la deserción es una práctica constante de la niñez y de los adultos. La deserción en la educación media, técnica y superior es mantenida y creciente. Con espasmo vemos que para los gobiernos es más necesario y vale más un fusil que un educador en un aula.  Claro está que un docente “molesta demasiado” cuando insta y lleva a sus alumnos a esculcar el pensamiento.

¿Por qué no llegan algunos colombianos a las aulas o por qué deserta la mayoría de los estudiantes en Colombia? Las causas son múltiples. Entre ellas,  políticas que privilegian y excluyen, altos costos, descomposición social, violencia política, violencia intrafamiliar, falta de identidad y de sentido de pertenencia, escasa visión de los padres de familia, desplazamiento forzado, falta de infraestructura, necesidad de traslado del educando,  paternidad o maternidad irresponsable de los jóvenes estudiantes, obligación de niños en la manutención de su familia, pereza y conformismo de los alumnos, incompatibilidad entre estudiar y trabajar simultáneamente, estudiar lo que se puede y no lo que se quiere, ambición por el dinero fácil. Otras causas de inasistencia y deserción educativa radican en la mala educación, escases de estímulos para los docentes, desidia de los educadores, rigidez de los programas académicos, falta de creatividad de las entidades educativas esencialmente de las universidades, carencia de trabajo en red. Aunque resta un punto neurálgico correspondiente a las universidades que contemplan la deserción, investigan y tienen la satisfacción de archivar la “investigación-diagnóstico”, pero hacen muy poco para contribuir en la solución del problema.

Para niños y jóvenes desertores de la educación existen condiciones de alto riesgo porque en las afueras de los planteles educativos los esperan algunas “delicias” de nuestra época como la drogadicción, actores armados, sicariato, hurto, pandillas, prostitución, alcoholismo, pobreza, estancamiento, desesperanza, olvido y muerte prematura. Además salen a las calles a buscar trabajo, a ganar poco y a vivir por siempre explotados.

Es obligación de las entidades educativas, particularmente  la universidad, crear estrategias para que los estudiantes no deserten de las aulas. Deben buscar mecanismos de atracción masiva. Si la universidad dimensiona su verdadero rol se convierte en el baluarte fundamental de la transformación social de nuestro país. Debe exigir a los gobiernos que cambie fusiles y ametralladoras por educadores, por salones de clase, y por más alumnos. La universidad debe involucrarse de manera directa con el Estado y con la Sociedad Civil. Tiene que ser protagonista a fe de su invaluable labor. Concluyo sin temor a equivocarme que la universidad y su loable misión es la única esperanza que nos queda.

Bogotá, Agosto 21 de 2010

4 comentarios para "DESERCIÓN UNIVERSITARIA – ALUMNOS DESERTORES… ¿RUMBO A DÓNDE?"

  1. JESSICA MANJARRES  agosto 24, 2010 at 7:17 pm

    excelente apreciacion y deberiamos pensar en como recuperar la educacion en colombia.

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  2. marly  agosto 26, 2010 at 3:02 pm

    felicitaciones primo te merces muchos exitos en su vida… y q mi Dios te bendiga……….

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  3. ASDRUBAL  octubre 4, 2010 at 1:30 pm

    Si primo, es preocupante ver como la educaciòn ha pasado a tomar un lugar muy relegado en las prioridades de la existencia de nosotros los Colombianos.
    Me refiero a nosotros porque existen otras culturas, en donde sucede lo contrario. Tienes toda la razòn en que existen diversidad de inconvenientes, pero quisiera nombrarte uno que para mi concepto es el màs relevante de todos y es la falta de interès personal por culturizarse (desidia). Cuando el ser humano quiere conseguir algo, no hay nada que se lo pueda impedir; eso lo sabemos muy bien Ud. y yo que hemos sido testigos de paisanos nuestros muy pobres econòmicamente y que han surgido a fuerza de querer salir adelante. Lo que sucede es que nos hemos dedicado a buscar nuestra subsistencia del modo màs facil y para esta labor lo que se necesita es mantener la mente libre de ataduras morales o culturales, para poder cometer fechorias sin remordimientos.
    Muy buen artìculo.

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  4. Esperanza Cruz  mayo 7, 2014 at 10:10 am

    Felicitiaciones a mi apreciado amigo poeta JOSE MARIA STAPPER, indiscutiblemente, hasta que el hombre -individualmente hablando- no se comprometa consigo mismo a superar sus imperfecciones, mediante un proceso educativo serio, disciplinado y eficiente, seguiremos siendo subdesarrollados, dado que el desarrollo de un pais lo marca el grado de educacion de sus habitantes. La educacion es el unico camino que nos queda.

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